Zusana

Hola, mi nombre es Zusana, y quiero compartirte mi historia…


Desde pequeña he sido muy activa, creativa y demás. A medida que fui creciendo aumentaban inseguridades, eso en gran manera eclipsaba mis habilidades.
Siempre fui la niña que estaba (o por lo menos intentaba) estar en todos los actos culturales del colegio. El arte siempre ha nutrido mi ser.

Al llegar a la pubertad (una edad NADA fácil, me atrevo a decir, para nadie) esas inseguridades eran más fuertes. Mis amigas con novios, conquistando corazones y yo… pues, la amiga chevere, la pana, la que ayudaba a llegar a estas chicas lindas.
Pasaba por etapas de depresión, duraban una semana o máximo dos, me alargaba, me juzgaba muy fuerte, me maltrataba verbal y mentalmente. Esta guerra siempre estuvo en mi cabeza, nunca fue real.
Mis amigas del momento no entendían, me decían lo bonito que veían en mi y yo me decía “aquí va la compasión” , fui muy cruel, incluso con ellas.

Es una etapa que recuerdo gris, no se si les ha pasado, hay ciertos recuerdos que están a full color y otros grises, bueno, estos lo son. Pase a ser rechazada, a que les gustara más una amiga o hasta mi hermana. Pero, ¿es mi culpa?

Con el tiempo, ya en la universidad quise ser alguien que no soy. Me traicioné, estuve con personas que no quería, le di paso a malas emociones y malas decisiones, amorosas principalmente.
Quería ser la codiciada, la más bonita, la mejor vestida, la más sexy y extrovertida, no estaba siendo yo.

Llegué a un punto de quiebre en donde no pude más, necesitaba ayuda, ayuda real, que me hiciera entender qué pasaba, pero sobre todo QUE ESTABA HACIENDO YO para no mejorar.

Luego de un proceso largo de conocimiento y prácticas bastante funcionales me di cuenta que no era capaz de observar, sino que observaba por los ojos de otros, experiencias de otros, vivía la vida de otros.
Hoy, aquí les confieso que si no hubiese tenido buenos amigos alrededor, nada de esto hubiese pasado.

Decidí no agredirme de nuevo, siempre digo que nosotros somos nuestro peor verdugo, somos más crueles con nosotros que con nadie más. Usamos nuestros mejores insultos y castigos para nosotros mismos. Yo decidí parar.

Decidí amarme y amar mi proceso.
Decidí entenderme, llegar a comprender realmente cada emoción.
Decidí tomar total responsabilidad por lo que me suceda, a fin de cuentas TODO en la vida es una decisión. 

Una vez hecho esto, puedo ver claramente, puedo crear más rápido y puedo sentir cada etapa, cada día y cada cosa que la vida me brinda.

Ahora, lo que más me llena es ayudar, desde mi experiencia, a otras personas. 
Decidí servir.
Decidí compartir mi conocimiento y poder llevar un poco de tranquilidad a quien me lee, me escucha o comparte conmigo.
Si existen cosas buenas, existe la felicidad y el amor en todas sus expresiones, gustos y colores.

Al emigrar de mi país, Venezuela, me enfoqué mucho en trabajar para poder mantenerme, una vez que ya había logrado eso, quería volver a compartir mis conocimientos. Busqué el movimiento #curvy en Ecuador y lo conseguí.
Llegué a @curvasreales por un concurso, recuerdo perfectamente qué debía hacer, era un video donde dijera qué me hace una mujer real, nunca me había hecho esa pregunta, pero envié el video con todo mi corazón. Desde ese momento mi objetivo de ayudar volvió, converse con mi gran amiga y hermana de la vida, Samanta y nos dimos cuenta que teníamos objetivos similares. Desde ese momento no pude separarme más. Samanta es una persona creativa y además te deja crear, gracias a ella estoy aquí, compartiendo con todas ustedes y haciendo lo que me hace feliz.

El amor propio es un camino infinito, que se cultiva día a día, no solo se llega, se transita.

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